Puerto Ayora, junio de 2006
Durante los años cincuenta, se tomaron importantes pasos para convertir a Galápagos en un área protegida, fundamentándose en anteriores esfuerzos realizados en la década de los 30. Esto fue resultado directo de las recomendaciones hechas por un grupo dedicado de individuos que se consagraron a la conservación de Galápagos como sitio de prístina belleza y de unicidad sin rival, que merece la atención y el apoyo del mundo a favor de su conservación.
Después de su visita a las islas en 1954, Irenäus Eibl-Eibesfeldt, etólogo del Instituto Max-Planck, concluyó que había motivos de alarma respecto a las posibilidades de supervivencia del ecosistema frente a las especies invasoras y el impacto humano. Eibl-Eibesfeldt planteó el tema ante la recién formada Unión Internacional para la Protección de la Naturaleza - la actual Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales (IUCN) - y expresó su preocupación al Gobierno del Ecuador. Su llamamiento atrajo a muchos simpatizantes, notablemente a Robert Bowman en San Francisco, con quién comenzaron a impulsar la creación de una estación de investigación biológica en las islas. Varios distinguidos científicos en Europa y América se unieron a ellos, incluidos Julian Huxley, Roger Heim, S. Dillon Ripley, Jean Delacour y Misael Acosta-Solis. Delacour y Ripley, en nombre del Consejo Internacional para la Preservación de las Aves (ICBP), presentó esta propuesta al Gobierno del Ecuador y consiguió aprobación para la misma. Así, en 1959, se sentaron las bases para la creación del Parque Nacional Galápagos y la Fundación Charles Darwin (FCD). Esta alianza permanente, combinando la ciencia y el manejo, ha constituido la clave para la exitosa y continua restauración del ecosistema de las Galápagos.
Cuando este grupo de pioneros comenzó a examinar a fondo los problemas de la conservación en Galápagos, encontraron una historia sombría de acontecimientos recientes. Previamente, en 1906, una expedición de científicos de la Academia de Ciencias de California había dejado constancia de una situación desesperada. Los balleneros y cazadores de lobos peleteros habían despojado a algunas islas de sus recursos naturales y, como muchos colonizadores recién llegados, habían matado un gran número de tortugas, a más de dejar animales domesticados que causarían estragos en la frágil biodiversidad de las islas. Las campanas de alarma todavía sonaban en los primeros años de la década de los 50, antes de que la FCD comenzara sus operaciones, cuando los científicos observaron que se seguía cosechando las tortugas gigantes, que se mataba por deporte a los lobos marinos y que las especies invasoras competían con las especias nativas, y ganaban.
En la actualidad, los logros de la FCD y del Servicio del Parque Nacional Galápagos (SPNG) son un testimonio a la visión de Irenäus Eibl-Eibesfeldt, Robert Bowman y sus colegas. Las hazañas realizadas en la conservación de las islas durante los últimos cincuenta años son producto directo de la concepción de la FCD como parte integral de la estructura de conservación de Galápagos, un mecanismo institucional extraordinario que permite que la comunidad internacional trabaje directamente con el Gobierno del Ecuador y el SPNG.
Las Islas Galápagos siguen siendo un ecosistema fascinante y único en el mundo; están integralmente ligadas al pensamiento evolucionario occidental, y representan un modelo de conservación que sirve como ejemplo para el mundo. Las islas constituyen una de las grandes historias de éxito de la conservación global, frente a las grandes amenazas que resultan de las interacciones entre la gente y las islas.
Sin embargo, nuevas y crecientes presiones continúan desafiando los éxitos del pasado. A medida que continúa la globalización, aumentan potencialmente las amenazas para las islas. La creciente accesibilidad de las islas, y la demanda de turismo y de productos del mar de parte de los mercados internacionales, dan alas a un ciclo acelerado de desarrollo económico y poblacional en Galápagos. Esta situación, a su vez, ejerce presión sobre las actuales instituciones locales. Al mismo tiempo, se multiplican los conflictos a medida que la comunidad galapagueña se vuelve más heterogénea y proliferan las alianzas con grupos de interés externo.
Para proteger las Galápagos, la FCD y nuestros asociados tendremos que trabajar conjuntamente para forjar una visión compartida, crear negocios locales sustentables y equitativos que no sean manejados por inversiones y mercados externos, desarrollar una cultura galapagueña que entienda cómo vivir en un ecosistema insular frágil, y continuar a fortalecer las instituciones locales críticas para llevar adelante estos cambios. Simultáneamente, debemos continuar abordando las amenazas cada vez mayores de las especies invasoras, nutridas por los flujos de personas a, desde y entre las islas. Al hacerlo, no podemos olvidarnos de las especies críticamente amenazadas - los insectos, caracoles, serpientes, salamanquesas y plantas - que tal vez sean menos carismáticas que las tortugas, pero que son vitales para la salud del ecosistema.
Se requiere de respaldo continuo para asegurar que estas islas asombrosas sigan siendo un refugio de vida silvestre y un modelo de conservación. En 2006, las islas nuevamente hacen frente a una situación al parecer imposible, similar a los retos que confrontaron el grupo visionario de científicos y sus colegas cuando ingeniaron la Fundación Charles Darwin en los años cincuenta. Está en las manos de la generación actual asumir los nuevos retos a la conservación de Galápagos, asegurando que en el lapso de otros 50 años las islas estén mejor conservadas de lo que están ahora.
Graham Watkins
Director Ejecutivo

